Se dice de mi...

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Empezaría por mi nacimiento, pero no sé cuando nací. Es que en realidad no sé qué es nacer, los verbos inventar (se), advenir (se), aparecer (se), creo que son igual a nacer, o parecidos, o algo así. Yo me invento, me advengo y me aparezco constantemente, nazco constantemente para volver a nacer. Siempre con otra máscara, otro disfraz, otro personaje. No hay un nacimiento, hay miles, millones, tantos como ganas de re-crearse, como fuerzas transformadoras, como pestañeos en una vida, como respiraciones en un sueño de primavera. Me creo una y otra vez, siempre diferente, siempre más diferente, y vivo en nuevos zapatos que desgasto con ímpetu, para desaparecer en su degenero, para volver a empezar, y volver a nacer. No puedo empezar por mi nacimiento, no puedo empezar, no hay comienzo, soy eterno devenir. Incluso desde antes de mi concepción: fui hablada, fui deseada, fui nombrada, fui nacida en la palabra una y otra vez. No existe un antes, no existe un después, sólo existe un ahora, un ahora que condensa en una unidad toda mi historia que a la vez incluye toda la historia de la humanidad. Soy aquella que reúne todo eso que es imposible de nombrarse en una sola vez.

lunes

el amor

el amor es agua, son gotas, es la lluvia
el amor es viento, es brisa, es huracán
el amor es abrir una ventana y dejar entrar lo que hay fuera
el amor es abrir la misma ventana y entregar todo lo que tenemos
el amor es llave, y también cerradura
el amor es libertad sin libertinaje
el amor es un viaje, es una parada, y es el recorrido
el amor es una palabra, es un libro, y es poder leerlo
el amor es lo grande, lo pequeño, y lo que hay en el medio
el amor es tiempo y es espacio
el amor es concretamente abstracto y abstractamente concreto
el amor es consciente, preconsciente e inconsciente
el amor es todo, y a la vez es la nada
el amor es el sustantivo,
de un verbo que pronuncio.

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