Se dice de mi...

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Empezaría por mi nacimiento, pero no sé cuando nací. Es que en realidad no sé qué es nacer, los verbos inventar (se), advenir (se), aparecer (se), creo que son igual a nacer, o parecidos, o algo así. Yo me invento, me advengo y me aparezco constantemente, nazco constantemente para volver a nacer. Siempre con otra máscara, otro disfraz, otro personaje. No hay un nacimiento, hay miles, millones, tantos como ganas de re-crearse, como fuerzas transformadoras, como pestañeos en una vida, como respiraciones en un sueño de primavera. Me creo una y otra vez, siempre diferente, siempre más diferente, y vivo en nuevos zapatos que desgasto con ímpetu, para desaparecer en su degenero, para volver a empezar, y volver a nacer. No puedo empezar por mi nacimiento, no puedo empezar, no hay comienzo, soy eterno devenir. Incluso desde antes de mi concepción: fui hablada, fui deseada, fui nombrada, fui nacida en la palabra una y otra vez. No existe un antes, no existe un después, sólo existe un ahora, un ahora que condensa en una unidad toda mi historia que a la vez incluye toda la historia de la humanidad. Soy aquella que reúne todo eso que es imposible de nombrarse en una sola vez.

viernes

canción

Escucha su ritmo íntimo
el pum pum del corazón
quiere seguir el impulso
alejando a la razón

Navega su río propio
fluye en el líquido de sus venas
empapada en sangre, serena
flotando en mares de pasión

Mueve su cuerpo todo
maneja los hilos de su acción
se pierde en el flujo interno
y agita aires de revolución

Percibe sus relieves alternos
escala montañas de emoción
descansa en llanuras extensas
oyendo la brisa de la convicción

Alegre, etérea, liviana
alcanza el cielo sin esfuerzo
pinta las nubes del color de su pelo
envolviéndose en su dulce canción.

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