Se dice de mi...

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Empezaría por mi nacimiento, pero no sé cuando nací. Es que en realidad no sé qué es nacer, los verbos inventar (se), advenir (se), aparecer (se), creo que son igual a nacer, o parecidos, o algo así. Yo me invento, me advengo y me aparezco constantemente, nazco constantemente para volver a nacer. Siempre con otra máscara, otro disfraz, otro personaje. No hay un nacimiento, hay miles, millones, tantos como ganas de re-crearse, como fuerzas transformadoras, como pestañeos en una vida, como respiraciones en un sueño de primavera. Me creo una y otra vez, siempre diferente, siempre más diferente, y vivo en nuevos zapatos que desgasto con ímpetu, para desaparecer en su degenero, para volver a empezar, y volver a nacer. No puedo empezar por mi nacimiento, no puedo empezar, no hay comienzo, soy eterno devenir. Incluso desde antes de mi concepción: fui hablada, fui deseada, fui nombrada, fui nacida en la palabra una y otra vez. No existe un antes, no existe un después, sólo existe un ahora, un ahora que condensa en una unidad toda mi historia que a la vez incluye toda la historia de la humanidad. Soy aquella que reúne todo eso que es imposible de nombrarse en una sola vez.

domingo

sonrisa de niño

Empezando por tu sonrisa,
y siguiendo con tu andar liviano
Tus piernas inquietas,
la melodía de tus palabras.

Tu corazón alegre,
tu espíritu sereno
Tu cuerpo vívido viviente,
empapado de luz resplandeciente.

De tus ojos, brotan las ganas de aprender
de tus manos, el deseo de experimentar
de tus pies, las ansias de expansión
y de tu movimiento, la luz de la creación.

Sos movimiento creativo,
expresión de amor sincero
Muestran tus pasos certeros
la invitación a un éxtasis eterno.

Terminando con tu sonrisa,
bella, juguetona, escurridiza
Sonrisa de niño travieso
ilusión de amor verdadero.





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