Se dice de mi...
- Lau Rita
- Empezaría por mi nacimiento, pero no sé cuando nací. Es que en realidad no sé qué es nacer, los verbos inventar (se), advenir (se), aparecer (se), creo que son igual a nacer, o parecidos, o algo así. Yo me invento, me advengo y me aparezco constantemente, nazco constantemente para volver a nacer. Siempre con otra máscara, otro disfraz, otro personaje. No hay un nacimiento, hay miles, millones, tantos como ganas de re-crearse, como fuerzas transformadoras, como pestañeos en una vida, como respiraciones en un sueño de primavera. Me creo una y otra vez, siempre diferente, siempre más diferente, y vivo en nuevos zapatos que desgasto con ímpetu, para desaparecer en su degenero, para volver a empezar, y volver a nacer. No puedo empezar por mi nacimiento, no puedo empezar, no hay comienzo, soy eterno devenir. Incluso desde antes de mi concepción: fui hablada, fui deseada, fui nombrada, fui nacida en la palabra una y otra vez. No existe un antes, no existe un después, sólo existe un ahora, un ahora que condensa en una unidad toda mi historia que a la vez incluye toda la historia de la humanidad. Soy aquella que reúne todo eso que es imposible de nombrarse en una sola vez.
miércoles
Se sentaba en sus palabras, porque hasta el momento era el lugar más cómodo que encontraba para descansar. Le gustaba acomodarse en las vocales, sentir su redonda sonoridad. Eso la adormecía, y en el vaivén de los diptongos se encontraba segura de no perderse en la inmensidad del exterior. Le atraían las consonantes por sus ángulos, se entretenía paseando por la multiplicidad de sus estilos, y de cuando en cuando jugaba a ser una equis, una doble ve o una y griega. Saltaba de tilde en tilde, como pasando de liana en liana, en una jungla palabrera de la que no quería salir. Ahí era la reina de la selva, se sentía libre y poderosa, no había lugar para ni siquiera imaginar que algo o alguien podría detenerla. Entraba y salía de las pancitas, correteaba en las curvas, daba giros en los espacios. Era ella y a la vez era otra cosa, era ella y a la vez podía ser mesa, o frívola, o milagro, o simplemente una o. Podía ser lo que quisiera, sin esperar nada de nadie, y sin que nadie esperara algo de ella. Podía descansar eternamente, jugar eternamente; podía también llorar cuando lo necesitaba, y gritar a oleadas. Potencialmente lo podía todo, excepto salir de ahí.
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