Se dice de mi...

Mi foto
Empezaría por mi nacimiento, pero no sé cuando nací. Es que en realidad no sé qué es nacer, los verbos inventar (se), advenir (se), aparecer (se), creo que son igual a nacer, o parecidos, o algo así. Yo me invento, me advengo y me aparezco constantemente, nazco constantemente para volver a nacer. Siempre con otra máscara, otro disfraz, otro personaje. No hay un nacimiento, hay miles, millones, tantos como ganas de re-crearse, como fuerzas transformadoras, como pestañeos en una vida, como respiraciones en un sueño de primavera. Me creo una y otra vez, siempre diferente, siempre más diferente, y vivo en nuevos zapatos que desgasto con ímpetu, para desaparecer en su degenero, para volver a empezar, y volver a nacer. No puedo empezar por mi nacimiento, no puedo empezar, no hay comienzo, soy eterno devenir. Incluso desde antes de mi concepción: fui hablada, fui deseada, fui nombrada, fui nacida en la palabra una y otra vez. No existe un antes, no existe un después, sólo existe un ahora, un ahora que condensa en una unidad toda mi historia que a la vez incluye toda la historia de la humanidad. Soy aquella que reúne todo eso que es imposible de nombrarse en una sola vez.

domingo

El comienzo del final

En una noche, en una esquina, se encontró con la sombra de su sombra suspendida en el camino. Taciturna, cabizbaja y silenciosa, la sombra de su sombra permanecía estática, inmune al trajeteo imperante del ir y venir de los transeúntes. Fue su instinto lo que la llevó a detenerse, y a poder registrar ese pseudo objeto que sentía tan suyo como ajeno. Si le hacía caso a su miedo, seguía su ritmo automático, caminando sin destino como tantos otros cuerpos que rumbean la danza de la inconsciencia urbana. Una vez detenida y asombrada por la sombra de su sombra, no encontraba la manera de demostrarle su interés a semejante representación; y la sombra de su sombra no parecía estar registrando a la presencia de su ausencia. Ella le quiso preguntar por su sombra, pero temía una respuesta anquilosante. Con un hilo de voz atisbó un saludo, procurando un acercamiento amistoso. Deseando una respuesta que no llegaba, la muchacha dio -no en vano- algunos pasos para disminuir la distancia. En cuanto advirtió el movimiento de su movimiento, la sombra de su sombra reaccionó y dijo: "Lo que buscás está adentro tuyo".

No hay comentarios:

Publicar un comentario