Se dice de mi...

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Empezaría por mi nacimiento, pero no sé cuando nací. Es que en realidad no sé qué es nacer, los verbos inventar (se), advenir (se), aparecer (se), creo que son igual a nacer, o parecidos, o algo así. Yo me invento, me advengo y me aparezco constantemente, nazco constantemente para volver a nacer. Siempre con otra máscara, otro disfraz, otro personaje. No hay un nacimiento, hay miles, millones, tantos como ganas de re-crearse, como fuerzas transformadoras, como pestañeos en una vida, como respiraciones en un sueño de primavera. Me creo una y otra vez, siempre diferente, siempre más diferente, y vivo en nuevos zapatos que desgasto con ímpetu, para desaparecer en su degenero, para volver a empezar, y volver a nacer. No puedo empezar por mi nacimiento, no puedo empezar, no hay comienzo, soy eterno devenir. Incluso desde antes de mi concepción: fui hablada, fui deseada, fui nombrada, fui nacida en la palabra una y otra vez. No existe un antes, no existe un después, sólo existe un ahora, un ahora que condensa en una unidad toda mi historia que a la vez incluye toda la historia de la humanidad. Soy aquella que reúne todo eso que es imposible de nombrarse en una sola vez.

martes

en el andar

Ojalá puedas observarte,
que puedas mirarte sin juzgarte.
Que puedas abrirte tanto,
que el aire recorra tu cuerpo y te impulse a volar.
Que puedas tocarte y sentirte,
y que los latidos de tu corazón te hagan galopar a tu ritmo,
sin que importe ni cuando, ni dónde.
Que sea tu forma la que dibuje el sendero.
que tus pasos nazcan desde el centro de tu vientre,
y que tu luz irradie - desde tu pecho- tu camino.
Que en el andar encuentres la paz,
y en el movimiento la serenidad.
Que todo lo que hagas sea tuyo,
que sea el fruto de todo ese tiempo de siembra.
Que lo oscuro no te detenga, que te atrevas a iluminarlo.
Y que si el miedo aparece, puedas abrazarlo para soltarlo y seguir andando.
Que tu voz sea la música de tu alma,
y tus palabras tesoros que se descubren en los instantes precisos.
Que nada detenga tu marcha,
salvo tu instinto, o la necesidad de observarte.
Y que al llegar recuerdes de dónde viniste,
que vuelvas a mirarte, que te ames
y retomes el andar.

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