Se dice de mi...
- Lau Rita
- Empezaría por mi nacimiento, pero no sé cuando nací. Es que en realidad no sé qué es nacer, los verbos inventar (se), advenir (se), aparecer (se), creo que son igual a nacer, o parecidos, o algo así. Yo me invento, me advengo y me aparezco constantemente, nazco constantemente para volver a nacer. Siempre con otra máscara, otro disfraz, otro personaje. No hay un nacimiento, hay miles, millones, tantos como ganas de re-crearse, como fuerzas transformadoras, como pestañeos en una vida, como respiraciones en un sueño de primavera. Me creo una y otra vez, siempre diferente, siempre más diferente, y vivo en nuevos zapatos que desgasto con ímpetu, para desaparecer en su degenero, para volver a empezar, y volver a nacer. No puedo empezar por mi nacimiento, no puedo empezar, no hay comienzo, soy eterno devenir. Incluso desde antes de mi concepción: fui hablada, fui deseada, fui nombrada, fui nacida en la palabra una y otra vez. No existe un antes, no existe un después, sólo existe un ahora, un ahora que condensa en una unidad toda mi historia que a la vez incluye toda la historia de la humanidad. Soy aquella que reúne todo eso que es imposible de nombrarse en una sola vez.
martes
bajada grande
A veces miramos tan lejos que la inmensidad de lo lejano nos aleja de la belleza de lo cercano. Mirar hacia abajo, mirar la orilla, mirarnos los pies, las bases, las raíces... Encontrar en la cercanía la inmensidad del universo es también posible. Solo hay que bajar la mirada y reconocerse en lo pequeño. Aparece un pez, y de repente otro, y otro, y otro, y otro... Hay miles, millones, son un universo de pequeñas grandes cosas. Claro que lo lejano nos atrae, por lejos, por inalcanzable, por imposible. Entendamos que para alcanzarlo tenemos que pisar bien cerquita primero, ver y observar lo que tenemos a nuestro alcance. Entender la importancia de la cercanía nos dará la fuerza para tirarnos al rio y nadar a la otra orilla. Y una vez allí, lo lejano se volverá cercano, lo inmenso se volverá pequeño, lo imposible se volverá posible. Y ahi tendremos que volver a ser lo suficientemente valientes como para mirar hacia abajo, mirar la orilla, mirarnos los pies, las bases, las raíces ... Y entender que la conexión con lo familiar y cercano es necesaria para la conexión con lo ajeno y lo lejano. Miremos hacia abajo, miremos la orilla, miremosnos los pies, las bases, las raíces... Mirarlas, abrazarlas, encarnarlas... Y recién ahí, salir nadando...
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